Marilla regresó a casa una tarde de finales de abril después de una reunión de la Sociedad de Ayuda, sintiendo la emoción de la llegada de la primavera. El invierno finalmente había terminado, y con él llegó la energía fresca y vibrante que la primavera trae a todos, desde los más viejos y tristes hasta los más jóvenes y felices. Marilla no era de las que analizaban profundamente sus sentimientos. Probablemente pensaba en la Sociedad de Ayuda y en la alfombra nueva para la sala de la sacristía, pero debajo de estos pensamientos había una tranquila conciencia de los campos rojos que se convertían en una niebla púrpura pálida en la puesta de sol, las largas sombras de los abetos que se extendían sobre el prado, los capullos de arce carmesí alrededor de un estanque tranquilo y el mundo despertando bajo la tierra gris. La primavera estaba en todas partes, y los pasos normalmente firmes de Marilla se sentían más ligeros y rápidos debido a la profunda alegría que sentía en su interior.
Sus ojos se detuvieron con cariño en las Tejas Verdes, asomándose entre los árboles y brillando a la luz del sol. Mientras caminaba por el húmedo camino, se alegró de saber que iba a casa a un fuego cálido y a una mesa bien puesta para el té, en lugar de las frías tardes antes de que Ana llegara a las Tejas Verdes.
Pero cuando Marilla entró en la cocina, encontró el fuego apagado y ninguna señal de Ana. Estaba decepcionada y molesta. Le había dicho a Ana que tuviera el té listo a las cinco en punto, pero ahora tenía que preparar la comida ella misma antes de que Mateo regresara de arar.
“Tendré que arreglar cuentas con la señorita Ana cuando llegue a casa”, dijo Marilla con severidad mientras preparaba la leña. Mateo esperaba pacientemente su té. Marilla se quejó del hábito de Ana de vagar con Diana, escribiendo historias o ensayando obras de teatro, olvidando sus deberes. Sentía que Ana necesitaba ser corregida con firmeza. Aunque la Sra. Allan elogiaba a Ana por ser brillante y dulce, Marilla veía su cabeza llena de tonterías y un comportamiento impredecible. Estaba preocupada porque Ana era desobediente y poco confiable por primera vez.
Mateo, paciente y sabio, sugirió que Marilla podría ser demasiado rápida para juzgar y que Ana era buena para explicar las cosas. Pero Marilla fue firme: Ana no estaba en casa cuando se suponía que debía estar, y eso era inaceptable.
Ya era de noche cuando la cena estuvo lista, y todavía no había señales de Ana. Marilla lavó los platos y subió las escaleras para buscar una vela. Cuando se dio la vuelta, encontró a Ana acostada boca abajo en la cama, negándose a mirarla.
“Ana, ¿has estado dormida?”, preguntó Marilla.
“No”, respondió Ana suavemente.
“¿Estás enferma?”, preguntó Marilla, preocupada.
Ana se escondió más profundamente en las almohadas, diciendo que estaba desesperada y que ya no le importaba la escuela ni el coro. Sentía que su futuro estaba arruinado.
Marilla exigió saber qué pasaba. Ana, a regañadientes, le mostró su cabello, que ahora tenía un extraño color verde. Se lo había teñido, con la esperanza de deshacerse de su cabello rojo, pero el resultado fue horrible.
Ana explicó que compró el tinte a un vendedor ambulante, quien prometió que le volvería el cabello negro azabache. Solo le quedaban cincuenta centavos, pero el vendedor se lo vendió amablemente por ese precio. Se lo aplicó con entusiasmo, pero quedó devastada por el resultado.
Marilla regañó a Ana por confiar en el vendedor y la advirtió sobre los italianos y los extraños. Ana insistió en que estaba tratando de ser buena de otras maneras para compensar este error.
Ana se lavó el cabello repetidamente, pero el tinte no se quitaba. Estaba desconsolada, temiendo que la gente nunca olvidara su error y pensara que no era respetable. Temía enfrentarse a Josie Pye, que seguramente se reiría de ella.
Durante una semana, Ana se quedó en casa, lavándose el cabello a diario. Diana fue la única que supo el secreto y prometió no contarlo nunca.
Finalmente, Marilla dijo que la única solución era cortarle el pelo a Ana. Ana estaba profundamente molesta, pero aceptó. Marilla se lo cortó lo más corto posible, y Ana estaba tan infeliz con su apariencia que no quería mirarse en el espejo.
En la escuela, el pelo corto de Ana causó sensación. Josie Pye la llamó espantapájaros, pero Ana lo soportó pacientemente, sintiéndose virtuosa por perdonar a Josie.
Ana prometió dedicarse a ser buena y nunca más intentar ser hermosa. Diana sugirió atarse una cinta de terciopelo negro alrededor de la cabeza cuando le volviera a crecer el pelo, lo que le gustó a Ana.
Marilla, a pesar de sus dolores de cabeza, disfrutaba de las charlas de Ana, mostrando cuánto se preocupaba.
Antecedentes e Introducción del Autor
Esta historia es un extracto de Ana de las Tejas Verdes, una querida novela escrita por la autora canadiense Lucy Maud Montgomery y publicada por primera vez en 1908. La novela sigue las aventuras de Ana Shirley, una niña huérfana imaginativa y enérgica que es enviada por error a vivir con Marilla y Mateo Cuthbert, hermanos que habían tenido la intención de adoptar a un niño para que les ayudara en su granja en Avonlea, Isla del Príncipe Eduardo.
Lucy Maud Montgomery se inspiró en sus propias experiencias de la infancia y en los hermosos paisajes de la Isla del Príncipe Eduardo. Su escritura captura el encanto de la vida rural, la inocencia de la infancia y las luchas y alegrías de crecer.
Análisis Detallado y Significado
Este pasaje destaca varios temas importantes: la llegada de la primavera que simboliza los nuevos comienzos, los desafíos de crecer y las consecuencias de las decisiones impulsivas. El incidente del pelo verde de Ana es un ejemplo clásico de su entusiasmo juvenil y espíritu imaginativo que la llevan a cometer un error, pero también de su resiliencia y determinación para afrontar las consecuencias.
Marilla representa el orden, la responsabilidad y la practicidad, mientras que Ana encarna la creatividad, la emoción y el crecimiento. Su relación evoluciona a lo largo de la novela, mostrando el equilibrio entre la disciplina y la libertad.
La historia enseña a los lectores sobre la importancia de la honestidad, la responsabilidad y el perdón. La disposición de Ana a aceptar su error y la respuesta severa pero cariñosa de Marilla muestran cómo el crecimiento a menudo proviene de afrontar las dificultades.
Lecciones e Ideas para Estudiantes
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Acepta los errores como oportunidades de aprendizaje
El desastre del pelo verde de Ana nos recuerda que todos cometemos errores. Lo que importa es cómo respondemos: asumiendo la responsabilidad, aprendiendo de la experiencia y avanzando. -
Equilibra la imaginación con la practicidad
La vívida imaginación de Ana es un don, pero debe equilibrarse con el juicio práctico. Los estudiantes pueden aprender a nutrir la creatividad y, al mismo tiempo, pensar en las consecuencias de sus acciones. -
Valora el perdón y la compasión
La comprensión final de Marilla y la lealtad de Diana enseñan la importancia de perdonar a los demás y apoyar a los amigos cuando fallan. -
Desarrolla la resiliencia
El coraje de Ana para enfrentarse a la escuela a pesar de la vergüenza muestra resiliencia. Los estudiantes pueden aplicar esto no desanimándose por los contratiempos o las críticas. -
Respeta las reglas y responsabilidades
La preocupación de Marilla por que Ana descuidara sus deberes recuerda a los jóvenes lectores la importancia de respetar las reglas y los compromisos.
Aplicando estas lecciones en la vida diaria
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En la escuela: Cuando te enfrentes a desafíos o fracasos, recuerda el ejemplo de Ana: asume la responsabilidad, pide ayuda si es necesario y sigue intentándolo. Usa la creatividad en los proyectos, pero planifica con cuidado.
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En situaciones sociales: Practica el perdón como Ana y Diana. Apoya a los amigos que cometen errores y evita los juicios duros.
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En la vida familiar: Comprende el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. Al igual que Marilla, los padres y tutores pueden establecer límites con amor y paciencia.
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En el crecimiento personal: Cultiva la resiliencia afrontando las dificultades con valentía y aprendiendo de ellas. Celebra tus cualidades únicas, incluso si los demás no siempre las entienden.
Cultivando rasgos positivos de la historia
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Imaginación y creatividad: Fomenta la escritura creativa, la narración de cuentos o el arte, inspirados en el amor de Ana por las historias y las obras de teatro.
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Responsabilidad: Establece metas personales y síguelas, tal como Ana aprende a respetar sus deberes.
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Empatía y amabilidad: Practica la comprensión de los sentimientos de los demás y ofrece apoyo, como Diana lo hace por Ana.
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Autoaceptación: Aprende a aceptarte a ti mismo, incluidas tus imperfecciones, y a crecer a partir de tus experiencias.
Ana de las Tejas Verdes sigue siendo una historia atemporal que inspira a los lectores a afrontar los desafíos de la vida con coraje, amabilidad y creatividad. A través de las aventuras y el crecimiento de Ana, los estudiantes pueden encontrar valiosas lecciones que se aplican a sus propios viajes de aprendizaje y autodescubrimiento.


